«Todo pasa, también los años entre rejas»

Aleksej «Sokrat» Sutuga, 1986 – 2020. Obituario

16/10/2020
Philipp Gliesche
Aleksej Sutuga

Que el antifascismo es un modo de vida lo sabía bien Aleksej Sutuga, militante ruso que durante más de dos décadas participó en el movimiento RASH (Red and anarchist Skinheads) y en círculos libertarios. Fue preso político en Rusia en un contexto tremendamente difícil. Organizaciones de Derechos Humanos reconocieron que Aleksej fue encarcelado por sus ideas políticas.

Sócrates, como se le conocía en los entornos militantes, falleció el pasado mes de septiembre a causa de una brutal paliza. Sócrates era un antifascista comprometido que no dejó de serlo a pesar del hostigamiento, las amenazas, o la cárcel. Puso el cuerpo para defender y proteger actos feministas y antifascistas.

En su memoria publicamos este obituario, escrito por el compañero Philipp Gliesche, de la oficina de Berlín.

Que la tierra te sea leve, Sócrates.

Amelia Martínez Lobo

"Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles"

Bertolt Brecht
 

«La piedra que fue una roca» es el último mensaje en su lápida.

El 1 de septiembre de 2020 falleció Aleksej Sutuga, uno de los antifascistas más conocidos de Rusia, en circunstancias muy trágicas. Deja a un hijo de diez años y el vacío de un militante político multifacético, que pagó un elevado precio por su activismo. Permanecerá el recuerdo de una persona divertida y sincera que fomentaba el intercambio de ideas y el contacto con muchas personas más allá de las fronteras rusas, que actuó muchas veces como mediador y al que se respetaba por ello. Este reconocimiento a su persona y sus acciones se ha reflejado en las numerosas muestras de condolencia y actos de solidaridad que se han celebrado desde finales de agosto en Rusia y en otros países como Israel, Polonia, Ucrania, Bielorrusia y Alemania.

Ya en su juventud, Aleksej, que nació en Irkutsk, Siberia, se declaraba abiertamente antifascista y se incorporó a la organización anarco-comunista “Acción Autónoma”. Fue, además, uno de los primeros RASH (Red and Anarchist Skinheads) en Rusia. Sus amigos le pusieron el apodo de Sokrat porque citaba muchas veces al filósofo griego Sócrates, ylas obras de Platón.

Siendo muy joven comprobó también que que la implicación política en Rusia puede tener un precio muy elevado: En 2007, con 21 años, participó cerca de su ciudad natal en un campamento de protesta contra la construcción de una instalación de enriquecimiento de uranio. Un grupo de fascistas asaltó el campamento aquella noche, y asesinaron a Ilja Borodajenko de 26 años. Otras siete personas sufrieron heridas, algunas graves, entre ellas Aleksej.

Poco después se fue a vivir a Moscú, dondetambién , la situación estaba marcada por la violencia en la década de los 2000. Las víctimas de la violencia racista eran, sobre todo, migrantes del Cáucaso y de Asia Central, así como estudiantes de África. También eran frecuentes los asaltos de los fascistas a conciertos y encuentros a los que no sólo iban punks y antifascistas. Marcados por estas experiencias, Ivan Khutorskoj y Fjedor Filatov empezaron a organizarse para proteger los conciertos y hacer cursos de autodefensa. Como conocía a los dos, Aleksej se unió a ellos en este proyecto. La protección de actos se hizo más profesional y logró una disminución importante de los asaltos fascistas en los eventos de Moscú. Tanto Khutorskoj como Filatov pagaron su trabajo político con su vida. En 2008 apuñalaron a Fjedor Filatov delante de su vivienda, y a Ivan Khutorskoj lo mataron un año después de un disparo en las escaleras del edifico en el que vivía. Ambos fueron asesinados por miembros de la organización fascista de nacionalistas rusos BORN.

En 2011 y en 2014 condenaron a Aleksej a cárcel por agresiones y lesiones en peleas políticas. Los juicios sembraron muchas dudas sobre su imparcialidad. En el segundo juicio, le condenaron a tres años y un mes de trabajos forzosos en la región de Irkutsk, en un campamento conocido por sus condiciones inhumanas. Durante su condena, le encerraron varias veces en una celda de aislamiento. La organización de derechos humanos rusa Memorial le clasificó como preso político.

Después de salir de la cárcel, aun conociendo los riesgos que corría, participó en tertulias y actos públicos. Fue una época complicada: Encontró dificultades profesionales debido a su condición de expresidiario, y rompió con su estilo de vida ‘straight-edge’ (la renuncia total a todo tipo de drogas). Sin embargo, siguió trabajando políticamente, ayudando para garantizar seguridad en conciertos y en actos feministas, apoyando a personas que tenían juicios por causas políticas y a presos políticos, así como a víctimas de la tortura a manos de las fuerzas de seguridad rusas. Estaba ligado a la Fundación Rosa Luxemburgo a través de un proyecto que investiga las redes de extrema derecha a nivel extraparlamentario en Europa.

Siempre fue consciente de que su activismo antifascista, en Rusia, podría tener graves consecuencias, pero nunca dejó de practicarlo. Publicó sus vivencias durante su estancia en prisiónen su libro “Diálogos de la cárcel”, en mayo de 2020En éldice lo siguiente: “En Rusia, las personas acaban tarde o temprano en la cárcel, especialmente si se tiene un estilo de vida determinado [...]. En lo que yo estaba metido tenía que tener antes o después estas consecuencias.”

En la tarde del 23 de agosto Aleksej fue con unos amigos al centro de Moscú. Después de que uno de sus amigos discutiera con una dependienta en una tienda, cuatro hombres siguieron al grupo. En la pelea que se produjo a continuación se golpeó la cabeza en una caída y quedó en coma. En la misma noche, la policía detuvo a cuatro hombres que están, desde entonces, en prisión provisional. Parece que no hubo una causa política.

Sólo unos días más tarde, el 1 de septiembre, Aleksej murió, a los 34 años. El 19 de septiembre, se celebraron unas exequias públicas en el Centro Sájarov, en Moscú. El entierro se realizó en el círculo más íntimo. Actualmente, la familia está recogiendo donativos para cubrir los costes de la abogada y del entierro.